Y aún tranquilo, aunque sordo y ciego puedo sentir las pisadas de las personas que me rodean, quienes están y quienes no, quienes no dejan huellas cerca de mí. Y puedo sentir también, que el mundo al mí alrededor se desploma, se cae a pedazos y a nadie le importa, y nadie lo quiere ver… aunque de alguna manera todos somos concientes de la locura desenfrenada a la que nos acostumbramos a vivir. Se desvalorizaron tantas cosas con el paso del tiempo, y nadie las escucha. Así también se les dieron valor a otras que antes la gente no consideraba. En fin estamos acá haciendo nada por nada, leyendo las tristes palabras de un loco. Y la locura no es extra ordinaria, por lo contrario es de lo más ordinario que podemos percibir, nadie esta dentro de la línea que separa la cordura y la verdad. Y el frío que siento a la mañana, y el calor al dormir no son distintos a las puñaladas de aquella virgen triste y sin nada por lo que estar alegre. Saltando a un lugar que ya no esta en ninguna parte.
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